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Miredhel Annariel [userpic]
Amistad y Pasión
by Miredhel Annariel (m_annariel)
at July 26th, 2006 (09:29 pm)
apathetic

estado de humor: Apática
current song: Samar Ray



Título: LA HOJA DEL GRAN BOSQUE VERDE III: Amistad y Pasión
 
Autora: Annariel 
Pareja(s): Varias 
Advertencia(s): Slash. NC-17. 
Disclaimers: Los elfos pertenecen al Maestro Tolkien, yo solo los pido prestado por un rato. Excepto por Annael, Sirion, Sadorell, Tathrenlas, Miredhel y otros nombres que no conozcan, esos son todo míos. 
Sumario: Años de tranquilidad donde Legolas Thranduilion, experimenta y explora los placeres de la vida, y profundiza amistades recién hechas con elfos fuera de su reino. También conoce al misterioso Mithrandir. 



Fic Index
 


Continuación de Parte 4.1 


Amistad y Pasión
 


Parte 4.2
 

Los pasadizos de la Última Morada al oeste de las Montañas Nubladas estaban oscuros. Las lámparas alumbrando los corredores ya habiéndose extinguido debido a la avanzada hora de la noche. Sin embargo, aparentemente, no todos los elfos del Valle se hallaban descansando, y era con seguridad debido a las indulgencias en las celebraciones del solsticio de invierno.

En uno de los oscuros corredores pasos podían ser escuchados, descoordinados y bulliciosos. Muy distintos a la usual elegancia y sigilo de la raza élfica. Y quedas voces flotaban en el aire, murmurando fuertemente como solo las personas sin un cuidado en el mundo podían hacerlo.

Una dorada cabeza avanzaba entre dos oscuros elfos, el joven príncipe del Bosque caminaba entre los gemelos hijos de Elrond. La lírica voz del principito era más efusiva y risueña que el bajo barítono de los hermanos peredhil, mientras los tres hacían su levemente tambaleante camino por los oscuros pasadizos, sosteniéndose entre ellos, entre risitas y sonoros pedidos de silencio de uno de ellos a los otros dos, lo cual solo era respondido con más risas. Sin duda los tres elfos mostraban los síntomas del poco moderado consumo de las apetecibles bebidas en las festividades, más no su exagerado abuso.

Los elfos se detuvieron frente a una labrada entrada, Elladan apoyándose contra la puerta de su habitación mientras giraba a mirar a los otros dos. Sonriendo en la oscuridad del pasadizo, el mayor de los gemelos se inclinó adelante y recuperó ágilmente la antigua guirnalda hecha de muérdago del joven elfo silvano, que aún pendía del cinturón de su hermano, y con una gracia que parecía desmentir su achispado estado, colocó la corona de hojas y bayas sobre la dorada cabeza del príncipe silvano. 

“Aún no te he dado tu beso del solsticio, Legolas.” Dijo, y antes de que el elfito pudiera responder, sus labios reclamaron los del joven elfo en un apasionado beso.

Cuando al fin se separaron, el principito no puedo evitar soltar una divertida risita y balancearse un poco debido al súbito asalto a sus embriagados sentidos, y sin darse exacta cuenta de lo que hacía giró para encarar al menor de los gemelos. “¿Y tú Elrohir? ¿No me darás un beso del solsticio también?”

El más joven de los hijos de Elrond pareció dudar un momento, sacudiendo su cabeza como si para aclararla. Más el movimiento pareció tener un resultado contrario ya que el pasadizo pareció moverse ante sus ojos. Una blanca mano lo afirmó de un brazo, y sus ojos grises vieron frente a él el sonriente rostro de su amigo silvano, bajando la mirada para centrarse en los rosados labios dibujados en una suave sonrisa. Dando un paso adelante, y extendiendo un brazo para rodear un flexible talle, Elrohir atrajo el cuerpo de su amigo al suyo y exigió la tentadora boca como suya, arrancando un gemido de placer de Legolas con su ardor.

La mente del principito era una ambigua masa de confusión y sensaciones mientras su boca era consumida por su amigo peredhel. El beso que Elladan le había dado hizo estremecimientos recorrer su cuerpo, pero en su nublado estado no le había tomado mucha importancia mientras giraba para embromar a Elrohir. Pero ahora, mientras el joven gemelo parecía dispuesto a devorarlo entero con un solo beso, Legolas no pudo evitar gemir, lo cual fue aprovechado por Elrohir para penetrar la boca del elfito y degustar profundo con su lengua la húmeda cavidad.

Perdido en la pasión del elfo frente a él, Legolas se estremeció al sentir un cálido cuerpo presionándose contra su espalda. Una suave mano retiró sus dorados cabellos dejando al descubierto un lado de su cuello y la presión de cálidos labios en la punta de uno de sus puntiagudas orejas y una dureza haciéndose sentir contra sus nalgas, arrancó más gemidos de pasión de su garganta. 
Al fin Elrohir liberó su boca, y Legolas jadeó tomando un profundo aliento llevando apresuradamente aire a sus pulmones. Inclinando su cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Elladan, el principito miró con ojos nublados de deseo al hijo de Elrond frente a él, quien levantó una elegante mano para acariciar una delicada y sonrosada mejilla. 

El joven elfo silvano inclinó su rostro al sentir la caricia, pero un inesperado jadeo escapó de sus labios al sentir una leve mordida en su puntiaguda oreja, Elladan aprovechando la distracción del Dorado Príncipe para ahora derramar ardorosos besos por un flexible cuello.

La deliciosa boca del elfito seguía frente a él, húmeda y entreabierta, llamándolo y tentándolo a seguir probando exquisitos deleites, y cuando por fin decidió rendirse de nuevo y apoderarse de ese delicioso manjar, Elrohir vio los rosados labios alejarse, el cálido cuerpo de Legolas separándose del suyo.

La puerta se abrió y Elladan jaló al principito tras él dentro del cuarto, inmediatamente exigiendo la boca de Legolas y enredando una mano en sus dorados cabellos, recordando los placeres que había gozado con el joven príncipe días antes, y queriendo repetirlos una vez más. Y Legolas se rindió al beso, cerrando sus ojos y empujando con su lengua la lengua de Elladan que había invadido su boca, solo para invadir con su flexible órgano la húmeda cavidad del mayor de los gemelos.

Ambos elfos se separaron abruptamente para tomar aliento, respirando frenéticamente a través de la nariz y la boca. Elladan ladeó la cabeza de Legolas para atacar de nuevo el elegante y largo cuello del principito, mordiendo desenfrenado en la blanca carne, arrancando un asfixiado grito del joven elfo.

Las manos de Legolas fueron velozmente a la cabeza de Elladan, tratando de controlarlo, con poco éxito, ya que sus delicadas manos parecían animarlo más que contenerlo, y dejó que su cuello fuera devorado por la hambrienta pasión de Elladan, enredando sus alargados dedos entre las oscuras hebras. Cuando quiera una particular mordida se sentía profunda el elfito devolvía el dolor que sentía jalando los cabellos del otro elfo. 

Inundado en placenteras sensaciones, Legolas giró sus nublados ojos a la todavía abierta puerta de la habitación, y ahí se paraba, alto y oscuro, el menor de los gemelos mirando lo que ocurría frente a él con intensos ojos. El elfito no podía leer los ojos de Elrohir, sea por la pasión asaltando su mente o el alcohol corriendo por sus venas, más sin pensarlo mucho, en un impulsivo acto, desenredó una de sus elegantes manos de arquero de entre los abundantes cabellos de Elladan, y la alargó hacia Elrohir, en una clara y autoritativa invitación. Sus glaseados ojos azules fijos en los grises de Elrohir, antes de que una apresurada mano girara su rostro y una ardorosa boca consumiera la suya de nuevo.

Su blanca mano quedando aún en el aire como una silenciosa invocación.

Los ojos grises de Elrohir centellearon ante el despliegue frente a él. Una miríada de emociones mezclándose en su penetrante mirada. Lujuria, celos, ira, indignación, ansía, lastima, reminiscencia. Todo combinado con la enervarte euforia producida por el dulce vino. Sus confundidos ojos observaron a Legolas en los brazos de su hermano, y las similaridades entre su gemelo y él, hicieron que a su mente pareciera como si Legolas estuviera en sus brazos en vez de los de Elladan, y a su mente aflorara la única noche que había pasado con el joven príncipe en una habitación subterránea en el bosque .

Sacudiendo levemente su cabeza para aclarar sus pensamientos, Elrohir observó mientras el mayor de los gemelos instaba al principito hacia su cama. Peleando con sus recuerdos y emociones, Elrohir surgió adelante, su usual restricción y consideración olvidadas por las desinhibiciones a causa del alcohol en su cuerpo. Apoderándose de la mano del joven elfo, Elrohir jaló de él, hasta arrancarlo de los brazos de Elladan para atraerlo firmemente hacia su cuerpo y reclamar la dulce boca como suya una vez más. 

Dejando escapar un leve grito de sorpresa por el brusco trato, Legolas no pudo menos que gemir de nuevo al sentir una ardorosa boca cubriendo la suya otra vez. Su nublada mente no entendiendo bien lo que estaba sucediendo, solo el placer que estaba consiguiendo de esto, hasta el punto de no saber si era Elladan o Elrohir quien lo besaba ahora.

No desanimado por la desaparición del joven elfo en sus brazos, Elladan se puso a derramar lentamente su ropa, todo el tiempo mirando al joven príncipe y su hermano devorándose con sus bocas. Totalmente desnudo Elladan se paró detrás del principito, y lentamente empezó a deshacer los broches y botones de las ropas del príncipe, serpenteando sus manos entre los estrechamente pegados cuerpos de los dos elfos ante él.

Elrohir gruñó en molestia dentro del beso que compartía con Legolas, al sentir su cuerpo separado de Legolas por entrometidas manos. Pero cuando al bajar una de sus manos, para rodear al joven elfo por la cintura, solo halló desnuda piel, no puedo menos que gemir su aceptación.

Estremeciéndose placenteramente al sentir los potentes besos robando su aliento y las ardorosas caricias en su ahora desnudo cuerpo, el Dorado Príncipe jadeó liberando su boca y empujando levemente el cuerpo frente al suyo, y así cobrar un poco de coherencia. Solo para chocar con un desnudo cuerpo detrás de él, Legolas sintiendo brazos alrededor de su pecho y que lo presionaban firmemente contra un despertado miembro, arrancando otro jadeo de sus rosados y húmedos labios.

Sosteniendo al joven elfo entre sus brazos, Elladan miró a su hermano, quien tenía sus intensos ojos fijos en Legolas, y parecía a punto de saltar sobre el principito. “Tranquilo, hermano.” La calmada voz de Elladan dijo. “Nuestro príncipe no irá a ningún lado.” Los ojos de Elrohir se levantaron para encontrar los suyos al escuchar su voz, y Elladan no pudo suprimir un estremecimiento al ver el peligroso brillo en ellos, su ofuscada mente discerniendo que talvez lo que hacían era un error. Más cuando el joven príncipe giró en sus brazos, y su húmeda boca mordió y succionó en la punta de una de sus orejas, todo pensamiento huyó de su razón. 

“Déjame tomarte.” Una susurrada y melodiosa voz dijo en su oído, y Elladan tembló al sentir al principito frotando su hinchado miembro contra el suyo entre sus presionados cuerpos.

“¿Cómo me quieres?” Fue lo único que atinó a decir antes de que el joven elfo lo jalara impaciente hacia la cama, habiendo ya olvidado al tercer ocupante del cuarto en su deseo por el joven elfo.

“Manos y rodillas.”

Entre besos y caricias Elladan se halló de nuevo en la misma posición en que días antes había sido a fondo exigido, y un gemido de anticipación escapó de su garganta al sentir la cama hundirse detrás de él y un cálido cuerpo atraparse encima del suyo. 

Un agudo grito fue arrancado de su garganta al sentir el duro ingreso de Legolas dentro de su cuerpo, su interior pasaje aún sintiendo la anterior vez que ese mismo miembro lo había tomado implacablemente. La caliente columna de carne empezó a entrar y salir de su cuerpo sin darle tiempo a acostumbrarse, arrancando más dolorosos gritos de su garganta, antes de que un cambio en las caderas detrás de él empujaran el túrgido órgano profundo y en otro ángulo, arrancando un grito de placer de su boca esta vez.

Abriendo más sus piernas para dejar total acceso a su cuerpo al elfo tomándolo, Elladan afirmó sus manos contra la cabecera de su cama, sus dedos exangües, tan fuerte era su agarre en la madera. Su cabeza colgando entre sus extendidos brazos, el mayor de los gemelos se sostuvo firmemente contra las embestidas atacando el interior de su cuerpo, mientras el placer y dolor de las penetraciones le hacían gritar una y otra vez. 

El pecho del joven elfo estaba presionado contra su espalda, y las elegantes manos aferraban sus hombros, trayéndolo constantemente contra el otro cuerpo. “Legolas,” llamó entre gritos, solo para escuchar al príncipe gruñir ininteligiblemente contra su oído apresurando sus empujes.

Y de pronto las embestidas pararon. Elladan no sabiendo si sollozar en alivio o decepción al sentir el hinchado miembro, duro y caliente, incrustado profundo dentro de su cuerpo sin movimiento alguno, salvo la pulsante sensación de la carne en su pasaje. 

El calor del pecho del joven elfo dejó su espalda, y el mayor de los gemelos levantó su cabeza mirando hacia atrás, solo para ver a su hermano, desnudo como ellos dos, arrodillado detrás de Legolas. Un brazo rodeando el pecho del joven elfo, y una mano en la delicada cara para girar la cabeza del principito y alcanzar la sensual boca para un apasionado beso.

La visión ante sus ojos fue tan erótica, que hizo gemir a Elladan apretándose alrededor del miembro en su interior. Legolas respondiendo a la sensación con un gemido asfixiado por la implacable boca de Elrohir.

Soltando los labios del principito, Elrohir empezó a derramar acalorados besos por el exquisito cuello y los hombros de marfil. Sus manos estimulando respuestas del cuerpo en sus brazos. Gentilmente Elrohir inclinó al joven elfo hacia delante, así que Legolas apoyara sus dos manos en la arqueada espalda de Elladan, para así tener más acceso a la elegante espalda del príncipe y más abajo. 

Mientras las manos de Elrohir exploraban el pecho del joven elfo, frotando y pinchando las sonrosadas tetillas, arrancando suaves quejidos del principito, la ansiosa boca del peredhel bajó por la flexible columna dorsal esparciendo abrasadores besos y leves mordiscos a toda la piel a su alcance. Sus dientes dejando extraños diseños en el lienzo de blanca piel.

Su mente brumosa de pasión por el ataque a sus sentidos, Legolas arqueó su espalda en una particularmente fuerte mordida a su baja espalda, dejando escapar un suave gruñido de su entreabierta boca. Cerrando sus ojos apretadamente para no ver la habitación moviéndose inestablemente, el joven elfo silvano empezó a rotar sus caderas para contonear su miembro en el pasaje que calidamente lo albergaba, no pudiendo soportar más la inmovilidad a la que lo sometía el cuerpo tras el suyo.

Elladan respondió con un ansioso gemido, y el principito sonrió satisfecho ante la respuesta que él provocaba del elfo debajo de él. Más su sonrisa pronto fue borrada de su rostro al sentir una húmeda caricia rozando la entrada a su cuerpo.

Un agudo gemido escapó de su garganta, Legolas giró su dorada cabeza para mirar sobre su hombro, y ver con ojos desenfocados a Elrohir, quien partiendo con sus manos las mejillas traseras del principito se dispuso a consumir vorazmente el trémulo orificio, degustando el almizclado sabor del elfo silvano. Los grises ojos de Elrohir, aún concentrado en su labor, encontraron los del joven elfo, y el cuerpo entero de Legolas tembló al leer el insaciable hambre en ellos.

La caliente lengua del peredhel penetró su íntimo portal abriéndose paso dentro de su más secreto pasaje, arrancando un profundo jadeo de su boca. Y el príncipe inclinó su cuerpo hacía delante de nuevo, apretando sus manos en la espalda de Elladan. Sus dedos dejando rojas marcas ahí. Y con desesperada necesidad intentó moverse dentro del cuerpo bajo el suyo. Más las manos de Elrohir lo mantenían firmemente presionado contra el otro peredhel, evitando así la muy necesitada fricción que los dos elfos pugnaban por lograr. Sólo permitiéndoles un leve balanceo de caderas.

“Saes, melethron,” Rogó Legolas entre gemidos, su estructura sacudiéndose como una hoja en el viento tanta era su carnal necesidad. “Im boe leithian.”

El húmedo y flexible invasor dejó su cuerpo, y Legolas sintió brazos que lo jalaban contra un caliente cuerpo una vez más. Su arqueada espalda contra un fuerte pecho. La suave caricia de unos labios contra su oído. “Te daré lo que tu desees, malthernil nin.” Una ronca voz como una sensual caricia murmuro en su oído, un gemido escapando de sus labios y su dorada cabeza cayendo hacia atrás contra un firme hombro. “Lo que tu quieras… solo déjame tenerte.”

A pesar de su decadente posición y sus nublados sentidos, Elladan escuchó el casi implorante susurro de su gemelo, y sintió la súbita tensión invadir al principito a través de sus cuerpos que estaban estrechamente conectados. Con súbita claridad el mayor de los gemelos vio el anhelo de su hermano por el joven elfo silvano, y no pudiendo vocear su apoyo, ya que sentía su garganta cruda de tantos gritos que habían salido de ella; apretó en vez sus músculos internos alrededor de la columna de dura carne en su interior, estrechando aún más si era posible su íntimo pasaje para darle mayor placer a su pulsante invasor.

Legolas gimió fuertemente al sentir la tortuosa presión en su palpitante órgano, su cuerpo instándolo a moverse para exigir el cuerpo que tanto placer le daba, más la presión del cuerpo detrás del suyo impedía todos sus movimientos, haciéndolo sacudirse en frustración. 

Cálidos besos fueron derramados por sus cabellos, mejillas y mentón, bajando febrilmente por su cuello y hombros, haciendo su entero cuerpo cosquillear en deleite. “Déjame poseerte,” Elrohir repitió su pedido entre desenfrenados besos. Y esta vez, intoxicado en pasión tanto o más como con el dulce vino, el principito accedió sin más duda.

El joven gemelo giró el bello rostro élfico delicadamente para poder acceder a los brillosos labios. Su boca exigida nuevamente con mayor ardor si era posible, el joven elfo no pudiendo hacer más que someter sus labios ante el vigoroso intruso ingresando a su boca.

Una lenta pero firme presión en su más bajo cuerpo lo hizo temblar entre los dos elfos que lo mantenían prisionero por ambos lados. Un duro y bien dotado miembro horadando su camino inexorablemente, si bien despacio, hacia su interior. Un grito asomó a sus labios, más fue asfixiado por el voraz beso que consumía su boca, mientras el implacable invasor lo abría y exigía como ningún otro antes. Su cuerpo sintiéndose como si estaba siendo partido en dos.

No tenía lugar a donde huir, ningún espacio para escapar del firme y continuo empalamiento de su cuerpo atrapado como estaba entre los dos hijos de Elrond. Sofocándose como estaba por el intenso beso, Legolas arrancó sus labios en un brusco movimiento de las manos del peredhel, e inclinó su cuerpo hacia delante, gritando mientras más y más del rígido miembro de Elrohir forzaba su camino abriendo sus muros de carne. Asentándose tan profundo dentro de él, que el joven príncipe pensó irracionalmente que nunca iba a hallar su camino hacia fuera. Nunca las veces que Annael lo había tomado, su cuerpo se había sentido tan llenado hasta el punto de explotar. 

Nunca había lastimado tanto.

“Saes… daro… saes…” musitó el joven elfo entre doloridos jadeos. Su blanco cuerpo curvado sobre el elfo debajo de él. Apoyándose sobre la arqueada espalda. Tratando de controlar su acelerada respiración y de relajar su cuerpo para acostumbrarse a su abrimiento.

Elrohir inmediatamente detuvo todo movimiento, aunque su cuerpo le pedía a gritos tomar su placer del apretado cuerpo en el cual se hallaba sumergido. El peredhel extendió sus fuertes brazos para atraer suavemente al joven elfo contra su pecho una vez más, acto que fue respondido por un agudo siseo mientras Legolas sentí el duro órgano moverse levemente dentro de él al ser atraído hacia el pecho del más joven gemelo.

Soltando un ronco gemido al sentir a Legolas estrecharse alrededor de él inconscientemente, Elrohir empezó succionar la punta de una delicadamente formada oreja, mientras sus manos buscaban dar placer al principito acariciando sus endurecidas y sonrosadas tetillas. Todo el tiempo reprimiendo su ansía de exigir a fondo al Dorado Príncipe, mientras preocupación por su joven amante teñía sus acciones. “Te lastima.” Musitó mordiendo levemente la puntiaguda oreja que estaba degustando, “¿Acaso tu cuerpo no se ha rendido antes?” preguntó Elrohir con una extraña nota en su voz, que el joven elfo silvano no reconoció, pero Elladan, pasivo debajo de ellos, se sorprendió de escuchar.

“Mi cuerpo ha conocido conquista,” suspiró Legolas, su cuerpo empezando a relajarse bajo las expertas caricias de su amante, y la no olvidada sensación de apretado calor del cuerpo de Elladan. “Pero solo a Annael me he rendido.”

Y Elrohir entendió al fin porque el joven elfo estaba tan incomodo. Y es que si bien Legolas y su amigo silvano ya habían pasado su Mayoría de edad, sus cuerpos aún no habían terminado de desarrollarse. Usualmente la raza élfica alcanzaba su completo desarrollo corporal sobre la primera centuria de vida. Y si el principito no había yacido con otro solo con su amigo silvano, entonces su joven cuerpo no estaba acostumbrado a recibir a un totalmente maduro elfo dentro del suyo.

Desterrando sus confundidas emociones, Elrohir buscó los delicados labios del elfito de nuevo, “Déjame tomar cuidado de ti.” Susurró contra la entreabierta boca, empezando a sacar su duro deseo lentamente del exquisito cuerpo que lo albergaba.

“Sí,” murmuró el joven elfo, antes de que su boca fuera exigida nuevamente, ahogando el grito que afloró a sus labios al sentir a Elrohir penetrándolo nuevamente, esta vez estrellándose contra el dulce lugar dentro de su cuerpo que le daba deleite, haciéndolo gemir en placer mezclado con dolor.

El peredhel puso un firme ritmo a sus empujes, buscando dar placer y alejar el dolor de su joven amante. Los movimientos del cuerpo del joven elfo, impulsado por Elrohir, empezaron a mover su ansiosa espada élfica dentro del abrasante calor que lo recibía. Elladan soltando un jadeo de alivio. “Vedui…” fue lo único que alcanzó a decir el mayor de los peredhil, al sentir las exquisitas embestidas dentro de su ser.

Legolas se liberó de nuevo de Elrohir, buscando apoyarse sobre la espalda de Elladan con sus dos manos una vez más, para tener palanca y así unir sus movimientos a los del elfo tras él. La mente del joven elfo ahora solo se reducía a la sensación de caliente terciopelo delante de él y ardiente acero detrás. Placer y dolor mezclándose hasta que ya no podía distinguir el uno del otro. Gruñidos, jadeos, gemidos y gritos tejiendo una salaz sinfonía en la oscura habitación.

El más joven gemelo siguió con su cuerpo los movimientos del príncipe, su boca ahora firmemente adherida al elegante y blanco cuello de Legolas, succionando hasta que rojas marcas afloraron a la marfileña piel. Sus empujes cobraron velocidad, más sus movimientos eran aún gentiles si bien profundos, entrando y saliendo de su joven amante con elevado deseo.

Elladan fue el primero en alcanzar su clímax. Soportando los agudos empujes de los dos elfos detrás de él fue todo lo que tomó para derramar su esencia en satisfecho alivio. Con un agudo gemido su cuerpo colapsó sobre la cama, robando el apoyo al príncipe silvano.

Los brazos de Elrohir rodearon a Legolas mientras el principito perdía su sostén, manteniéndolo a su pecho mientras continuaba entrando y saliendo del joven cuerpo. Legolas gritó en éxtasis al sentir el estrechamiento del cuerpo de Elladan, el mayor de los gemelos alcanzando a arrancar el clímax del joven elfo antes de que su cuerpo cayera a la cama. Sintiendo el cuerpo de Legolas apretarse alrededor de su virilidad y ver el placer inundando el bello rostro de su amante silvano, Elrohir vertió su semilla dentro del tembloroso principito en sus brazos, gruñendo el nombre de Legolas en su cúspide mientras alcanzaba a bajarlos a ambos a la cama al lado de Elladan, temblando él mismo de su intenso clímax.

Echado de lado entre los dos cálidos cuerpos, Legolas jadeó levemente al sentir a Elrohir deslizarse fuera de su cuerpo, y suspiró mientras Elladan rodaba en su lado para encararlo y depositar un tierno beso en su frente. “Duerme, Lass tithen. Lo has ganado.”

Grandemente saciado, una contenta sonrisa apareció en sus labios, y como si solo esperara la venia del peredhel, los ojos de Legolas se desenfocaron cayendo en los sueños élficos, acunado entre dos fuertes y muy parecidos, sino idénticos, cuerpos.

Elladan acarició una suave mejilla, y dejó escapar un quedo suspiro en la sensación de la mano que el joven príncipe descansó en su cadera antes de ir a las tierras de Irmo. En la oscuridad del cuarto percibió movimiento detrás del joven elfo, y con sus agudos ojos vio a su hermano gemelo acurrucar su rostro entre los dorados cabellos del principito. 

Ninguno de los dos hermanos habló una palabra al otro hasta que cayeron dormidos. Y los sueños élficos no llegaron inmediatamente a ellos.

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32 de Hriive del año 2505, Santuario de Imladris.

Brillante luz lastimando sus ojos lo despertó de su profundo sueño, el joven elfo gimió quejumbrosamente llevando una mano apresuradamente a su rostro para cubrir sus ojos, cerrándolos apretadamente. 

Con el retorno de la conciencia volvieron también las sensaciones, y el elfo silvano se quejó lastimeramente al sentir un súbito golpeteo en su sien. “¡Ai, ai! ¡Que alguien detenga a los enanos martilleando en mi cabeza!” gritó piadosamente, sus dos blancas manos volando a los lados de su cabeza, como si con eso pudiera parar su martirio.

Una suave risita a su lado le respondió, el otro elfo no sintiéndose mejor él mismo. “Las consecuencias de mucha indulgencia, mi príncipe. A veces sinceramente me pregunto porque los elfos silvanos gustan tanto del Dorwinion.”

“El Dorwinion es el mejor vino de todos los reinos élficos,” musitó la joven voz suavemente, evitando hacer mucho ruido. Y abriendo levemente un renuente ojo, miró al elfo a su lado. “¿Elladan?” murmuró con algo de sorpresa. “¿Qué haces en mi cama?”

De nuevo la suave risita pudo ser escuchada, esta vez acompañada de un dolorido gemido del elfo al acomodarse entre las mantas. “Estás en mi cama, Legolas.”

“Oh” fue lo único que pudo decir el príncipe silvano al abrir con esfuerzo sus dos azules ojos, y comprobar que efectivamente se hallaba en las cámaras del mayor de los hijos de Elrond. Parpadeando lentamente para acostumbrar su mirada a la claridad de la habitación, el elfito miró vagamente al techo de labrada madera, tratando de recordar en detalle que había pasado la víspera, a pesar del constante martilleo en su cabeza que no lo dejaba pensar claramente.

Rindiéndose por el tiempo presente, Legolas extendió sus brazos sobre su cabeza para devolver la flexibilidad a sus miembros, solo causando con el movimiento un agudo siseo escapar de sus labios. 

Su cuerpo resintiendo ahora el buen uso de la noche antes.

Sus ojos abriéndose enormemente, Legolas miró alrededor de la habitación buscando por algo. Solo deteniéndose cuando el súbito movimiento hizo que una particularmente fuerte palpitación atacara su cabeza. Gimiendo piadosamente de nuevo, Legolas con cautela giró su cabeza lentamente para mirar a Elladan. “¿Dónde está Elrohir?” preguntó un poco desconcertado. 

Elladan solo lo miró sonriendo afectuosamente, “Parece que mi hermano anticipó todo tu alboroto de esta mañana. Así es que sabiamente decidió hacerse escaso huyendo a su cuarto.” Bromeó. 

El principito lo miró furiosamente, el efecto arruinado cuando una mueca de dolor cruzó su bello rostro élfico. 

“¿Estas lastimado?” preguntó Elladan seriamente, preocupación por su joven amigo ahora cubriendo su apuesto rostro.

Mirando al otro elfo con sus grandes ojos azul cielo, Legolas sonrió al fin al escuchar la inquietud en el peredhel. “No. Solo adolorido. Nada que un buen baño caliente no pueda calmar.” Dijo mirando a Elladan sugestivamente.

Elladan rió en eso, ambos elfos cejando ante el fuerte sonido. “¿Y el príncipe no estará sugiriendo que yo prepare su baño, o si?” preguntó en voz baja, alzando una oscura ceja. 

“Es tu habitación después de todo.” Simplemente respondió el elfito encogiéndose de hombros.   

Suspirando en fingida irritación. Elladan tiró las mantas a un lado para así levantarse de la cama. Su desnudo cuerpo brillando en la luz de la mañana, y debidamente admirado por los agudos ojos del príncipe silvano. “Lo pediré,” dijo Elladan cogiendo una túnica, mientras caminaba hacia la puerta. “solo porque yo necesito uno.” Tiró sobre su hombro, saliendo por la puerta, pero los agudos oídos del elfito pudieron escuchar las suaves risitas que siguieron a las palabras.   

Legolas sonrió de nuevo, acomodándose de lado cuidadosamente en la cama para evitar innecesaria incomodidad en su sensible cuerpo, en especial en la bien usada baja entrada a su cuerpo. La baja entrada a su cuerpo El sueño pronto viniendo una vez más para reclamar al joven elfo en el abrazo de las cálidas mantas. 

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TBC  

Nota 
 
31 de Hriive del año 2505, solsticio de invierno 
31 de Hriive - 21 de Diciembre 
Este – Valier, esposa de irmo. 
Adar – Padre 
Naneth - Madre 
Muindor - hermano 
Peredhel – Medio Elfo 
Saes, melethron. Im boe leithian – Por favor, amante. Necesito alivio. 
Malthernil nin – Mi Dorado Príncipe
Lass bain – Hermosa hoja
Saes… daro… saes – Por favor, detente, por favor.
Hadnen – me lastima.

Himno a Elbereth significado:
Oh Elbereth Iluminadora de Estrellas
brillo (blanco) baja brillando como joyas
del firmamento [la] gloria [de] la hueste de estrellas!
A-lejana distancia miró lejos
desde la tierra media entretejida de árboles,
Fanuilos, a ti te cantaré
en este lado del mar, aquí en este lado del Gran Océano!

Comments

Posted by: ((Anonymous))
Posted at: November 9th, 2011 08:18 pm (UTC)
Mensaje de agradecimiento de Galaxia (SlashHeaven)

Hola Annariel,

No sé cuántas veces habré releído este fic tanto aquí (donde supe lo que era el slash por primera vez, cosa que jamás dejaré de agradecerte ya que fusite tú quién me enganchó por completo a este género) como en Slash Heaven, donde lo busqué para continuarlo y, al final, acabé registrándome y, tras un año de ser sólo lectora, publicando mis propios fics; algo que para mí fue un gran cambio; muy positivo.

Me duele en el alma que no lo acabases, pero lo comprendo. Una historia requiere mucho tiempo y compromiso y a veces la vida nos lleva por otros derroteros.

No sabes cuánto te agradezco, asimismo, que compartieses tu historia en Internet; pues sin ella me habría perdido la que ahora considero una parte fundamental de mi vida. Este relato me ha animado en momentos muy duros, ayudándome a eviadir la realidad cuando lo necesitaba y me ha descubierto un mundo que ahora forma parte intrínseca de mí: el slash.

En definitiva, aunque quizá nunca llegues a leer este comentario ni los que dejé en SH, quería dejarte por escrito una vez más lo mucho que te agradezco que compartieras este maravilloso fic conmigo, que considero uno de los grandes de entre los fics en general, y no sólo de El Señor de os Anillos.

Un gran abrazo virtual.

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