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Miredhel Annariel [userpic]
Augurios de Inocencia
by Miredhel Annariel (m_annariel)
at February 1st, 2006 (01:52 pm)
Tags:

estado de humor: Fiu

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Augurios de Inocencia


Título: Interludio: Augurios de Inocencia
Autora: A.C.
Traducción: Annariel
Pareja(s): Glorfindel/Elrohir.
Advertencia(s): Slash. Nc-17.
Disclaimers: No mio, ningún dinero recibido, ninguna falta de respeto intentada, con certeza nada implicado sobre personas reales.
Sumario: Glorfindel encuentra que él finalmente debe sucumbir a los encantos e insistencia de la juventud.
Nota: Quinta historia en la serie The Folly of Starlight, sigue a Metamorfosis del Corazón.




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The Folly of Starlight Series


Augurios de Inocencia

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Continuación de Metamorfosis del Corazón


Prólogo
Parte 1


Parte 2


Glorfindel y Haldir pararon su expedición en el cercano lado del arroyo de la fuente, en un claro en medio de esos magníficos dorados árboles mallorn que Galadriel había introducido a esta tierra muchas centurias antes. "Allí, justo más allá del lado lejano del arroyo, derecho a través de esa masa de árboles encontrarás el talan," Haldir dirigió con mano levantada. "Él lo ha ocultado bien, en la parte superior de un árbol que conocerás por un símbolo secreto labrado en su tronco, justo encima de un pequeño nudo. La escalera puede ser liberada jalando una delgada soga oculta entre las ramas." Haldir caminó a un lado y sonrió. "Espero que encuentres las respuestas que buscas, mi lord," con ahínco ofreció, deleitándose en el doble sentido que él solo sabía.

Mientras Haldir silenciosamente dejaba a Glorfindel a su auto apuntada tarea, el señor elfo se quedó inmóvil en la ribera del arroyo, el pensamiento que podía encontrar respuestas que no deseaba encontrar momentáneamente congelando sus pies al piso. Tomó unos pocos momentos de acerantes alientos para estimular su decisión, y finalmente el elfo cuidadosamente brincó a través del estrecho arroyo, danzando de roca plana a roca plana con el salvaje ajetreo de su sangre furiosamente bombeando en sus oídos. Como Haldir había dirigido, el correcto árbol podía ser fácilmente identificado por ojos conocedores, los dedos de Glorfindel lentamente trazando las pequeñas runas tengwar cuidadosamente labradas en la corteza. No el nombre del poseedor, sino una simple declaración - "mío".

Atisbando hacia arriba, agudos ojos élficos pronto espiaron la delgada, plateada soga mezclada sin costura con las ramas del árbol justo encima de su cabeza. Con dedos indecisos agarró el delgado cordón y tiró gentilmente. Su acción fue recompensada con la cascada descendente de una espigada escalera hecha de la más fuerte soga élfica. Aspirando un profundo aliento, ascendió los trenzados escalones, subiendo varias docenas de metros en la espesa canopia del árbol.

Justo encima de una amplia "v" en las ramas él alcanzó la base de la plataforma y se deslizó sin esfuerzo a través de la estrecha entrada, emergiendo dentro de una oscurecida cámara. Le tomó a sus ojos un momento adaptarse a la antinatural noche, sus labios partiéndose en silenciosa maravilla mientras se daba cuenta justo cuan correcta su comparación inicial verdaderamente era.

Diferente a muchos de los talanes que Glorfindel había visto en esta tierra, este estaba lejos de las aireadas moradas significadas para sentir la mayoría de la luz de Anor e Ithil y las pasajeras brisas gentiles del bosque. No, esto era una reclusión, una representación de otro lugar y tiempo, significado para transportar al ocupante tan lejos de Lothlorien como era posible.

Diminutas estrellas pintadas en relumbrante plata fielmente representaban el trabajo manual de la Lady a través del techo de tela del talan. Mientras sus ojos se adaptaban más a la mínima iluminación, Glorfindel pudo distinguir murales en los cuatro muros como tapicería que lo rodeaban. << Efectivamente, él tiene un ojo para el arte, y magistrales manos para hacer juego, >> se dijo en asombro. Durante sus siete años " de exilio", el joven no solo se había ocupado pintando como un pasatiempo, él lo había afilado a una habilidad con seguridad valiosa de exhibición en grandes salones. Su corazón se hinchó con orgullo mientras estudiaba cada cuidadosa interpretación en turno. Tiempo de primavera en el valle de Imladris, el muy extrañado hogar del gemelo, aparecía completo con germinación de hojas y anidamientos de pájaros. Siguiente aparecía el primer vuelo de Earendil encima del mundo, las enjoyadas alas de Vingelot salpicadas con polvo real de oro. Glorfindel sonrió para él mismo. El triunfante viaje al Oeste a la Tierra Bendecida de su exaltado abuelo había sido una de las historias favoritas del joven mientras todavía en la guardería.

Siguiendo el curso de los muros, Glorfindel encontró sus ojos saludando otro de los más amados relatos de su pupilo dibujado en imágenes parecidos a la realidad - Beren a las puertas de Angband con Luthien a su lado, silmaril en mano, encarando el poderoso lobo Carcharoth. Pero fue el tercer cuidadosamente trabajado panel que succionó el mismo aliento de su pecho. Glorfindel miró fijamente a su propia cara, espada levantada con aire de desafío sobre su cabeza, colocándose él mismo entre la terrible bestia de llamas de Morgoth quien abiertamente amenazaba a los fugitivos refugiados de Gondolin. Cada detalle era exquisito, perfecto, obtenido como resultado del recuerdo del artista de incontables recuentos de la caída de Glorfindel hablados por el señor elfo mismo.

Tan perdido estaba en su aturdido escrutinio de su propia imagen que no agarró la suave, furtiva subida de otro arriba en la escalera detrás de él. Un jadeo de sorpresa lo atrapó desprevenidamente, y Glorfindel giró alrededor para encarar una muy asombrada, bien amada, y largo extrañada cara.

"Glorfindel," Elrohir alcanzó a susurrar, parándose sino unos pocos pasos de su maestro con amplificados ojos.

El señor elfo encontró su lengua inmovilizada en silenciosa maravilla en la genuina visión de perfección élfica que ahora lo confrontaba. Ida estaba la larguirucha, desmañada cohibición que una vez había hallado tan cautivante, ahora reemplazada con la más confiada, incandescente sensualidad de un joven elfo aproximándose a su florecimiento. Sus hombros se habían ensanchado, templados por las muchas horas de arquería y espada que sus tutores obviamente habían demandado de él. Mientras que antes Glorfindel antiguamente tenía que mirar hacia abajo para encontrar la Mirada del joven, ahora ellos se paraban cabeza a cabeza, ojo a ojo, iguales en altura. << Y más, >> el señor elfo silenciosamente pensó. Sí, Elrohir había definitivamente florecido en la completa primavera de sus años durante su tiempo lejos del hogar. A pesar del hecho que por la medida de sus años Elrohir no estaba verdaderamente en su mayoría de edad, Glorfindel no tenía dudas que lo que le encaraba ahora no era el niño que una vez había conocido.

El antiguo señor elfo sonrió cálidamente, gesticulando a las pinturas que los rodeaban. "Nunca supe que tenías tal talento con una brocha," suavemente ofreció.

Elrohir osó un paso más cerca, encogiéndose de hombres levemente. "No es nada especial."

"No, estás equivocado, pen-neth. Ellas son magnificas. << Como eres tú. >> Glorfindel aspiró un rápido aliento mientras un trocito de errante luz del sol se desviaba a través de las comisuras del talan, hallando la cara angular del gemelo. La belleza de ambos padres podía ser encontrada residiendo allí, oscuridad y luz, aflicción y esperanza, entremezclados, con todo girados en algo más grande que simplemente la suma de sus partes. Glorfindel encrespó sus dedos en su palma, doliendo por extenderlos y acariciar los altos pómulos, acariciar los labios con forma de arco, enredarlos a través de la rica, oscura melena de cabello de textura de seda.

"Me halagas, pen-iaur," el joven elfo fácilmente voleó en retorno, también deslizándose de vuelta en el uso de sobrenombres sin vacilación. Tomó un paso más cerca a Glorfindel, sonriendo levemente para él mismo en la expresión de obvia y irrefrenable ansía en la cara del otro. Se dio cuenta que el consejo de Haldir agudamente había acertado su marca - Glorfindel en realidad temía los sentimientos de su propio corazón.

Conociendo bien que la magia de este momento moriría eternamente a menos que lo aferrara firmemente dentro de sus manos, Elrohir hizo lo que solo había soñado, casi cada noche de estos siete largos años. Alargando una mano, vacilantemente acarició el revés de sus dedos a lo largo del lado de la mejilla del otro, maravillándose en como su antiguo maestro temblaba bajo su toque. Animado, se volvió más atrevido aún, rotando su mano para trazar la punta de sus dedos hacia abajo a lo largo del borde de la cara del otro, parando para agarrar el noble mentón entre su pulgar e índice. "Ahora 'soy yo quien debe halagarte'," con voz ronca susurró, y con eso se inclinó hacia adelante y exigió esos labios que tan desesperadamente había ansiado probar.

Un estremecimiento de incrédulas gracias ondeó a través de la totalidad de la piel de Glorfindel, todos sus sueños llenos de culpa ahora fundidos en una irreprensible realidad más deliciosa de lo que alguna vez había osado esperar. Este no era su pupilo, su custodio, un niño que él había conocido desde el momento de su nacimiento, como había conocido a su abuelo antes de él. No, este era un príncipe de noble sangre, la más noble de la Tierra Media que aún permanecía, madura en la riqueza de sus habilidades y esperanza por el futuro, no cansada por las maldades e injurias del pasado. Él era hermoso más allá de la habilidad de simple canción para expresar o pintura para preservar, de cara y de corazón. << Y él me desea tan profundamente como yo lo deseo – como nosotros siempre deseamos a cada otro. >> Con un suspiro de alivio limpiando años de auto reproche, el señor de la Flor Dorada se fundió en la llenura del ahondante abrazo del otro, su deseo ahora alcanzando su más completo florecimiento.

TBC